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7 de febrero de 2013

El día del imputado

Crece la sospecha, el círculo de amigos se va reduciendo, el dinero permanece oculto, a buen recaudo. Los periodistas no cejan en su empeño, le quieren llevar por delante -o eso supone el imputado-.
El presunto corrupto ha pasado de testigo a imputado, no acusado. Ahora puede acceder a su derecho de defensa, ya no tiene el deber de decir toda la verdad.
Sin embargo, el día del imputado se acerca. La opinión pública se ha incendiado y hay un clamor popular exigiéndole que devuelva el dinero que supuestamente cobró ilegalmente. Como él, cientos de imputados se revuelven en su fuero interno, pero sin ningún dilema moral; ellos están donde están porque supieron hacer las cosas bien -se dicen-. Algunos imputados, no obstante, saben que su imputación no tiene fundamento, pero son los menos.
El imputado que sabe que se lo llevó crudo e ilegalmente permanece en silencio, salvo en su declaración ante el juez, a quien miente como un bellaco. No tiene conciencia, le importa tres narices su culpabilidad y, lo que es más -o menos-, le importa una mierda la injusticia de sus actos. Aunque llegaran a acusarle formalmente e, incluso, a condenarle, ¿qué son unos cuántos años de cárcel teniendo el dinero que tiene? Después de años desviviéndose por los ciudadanos, es justo lo que ha conseguido, para él. Lo ha logrado: con esas fabulosas sumas, no sólo él, sino su estirpe podrán gozar de una vida más acomodada, sin duda, una vida mejor. Salvo por alguna cosa.

Foto de José Martín Cuesta Rojo
Pero llega el día del imputado. Los planetas se alinean y el Duero abre sus aguas, las nubes se levantan y una sonrisa de esperanza inunda los corazones de todos los ciudadanos. Hacienda da la noticia a las doce del mediodía: "cientos de millones de euros han sido recaudados en las primeras horas de la mañana". Automáticamente el Gobierno anuncia una rueda de prensa a primera hora de la tarde. Mientras, decenas de imputados, concienciados por fin, siguen devolviendo millones de euros al Estado. A cambio de nada; seguirán imputados en su causa y, si se demuestra, que fueron ellos quienes devolvieron el dinero, serán acusados formalmente por la fiscalía.

Algo ha cambiado, pero, tras el día del imputado, el país sigue en su camino hacia el abismo. Cientos de corruptos y corruptores que nunca fueron imputados campan a sus anchas, disfrutando de miles de millones que siguen produciendo en lejanos paraísos fiscales. Pero a ellos no hace falta buscarlos en desierto remotos ni en montañas muy lejanas.