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27 de mayo de 2018

Libertad de expresión y derecho a la protesta

Fuente

Subes a dar tu conferencia sobre las bondades de la dieta equilibrada, y acabas señalando las malas prácticas de las empresas de bollería industrial y cómo miran hacia otro lado las autoridades sanitarias que permiten las máquinas de vending en hospitales.

Tú equipo ha salido victorioso y das una rueda de prensa después del partido alabando el buen comportamiento de la afición y el fair play del equipo rival, poniéndolo como ejemplo de lo que es el deporte, en contraposición al negocio montado con las casas de apuestas y su proliferación en Internet y en múltiples calles de nuestras ciudades. Y de paso, mencionas la agresividad de algunos padres en los partidos de fútbol base en los que juegan sus hijos. Apuntas a la farándula de clubes, federaciones y televisiones.

Explicas en entrevista radiofónica cómo habéis llegado a descubrir la función inhibidora de una molécula en la síntesis de proteínas de un grupo de bacterias. “Habéis”, porque, aunque solo quedas tú, no olvidas la inestimable contribución de tus compañeros, desde hace un tiempo sin trabajo en España. Así que, no escatimas en elogios para quienes vienen tomando la excelente decisión de ir recortando la inversión en I+D+i.

Etcétera.

Uno tiene derecho a ser rehuido por prorrumpir en palabras de rabia. Te asiste ese derecho incluso si no lo haces insistentemente (y sin injuriar ni calumniar).

La cuestión es si el Estado tiene potestad para “meterte” en la cárcel por expresarte libremente y habiendo incitado al odio. Ya que, en ese caso, ¿por qué siguen campando a sus anchas diversos grupúsculos neonazis?, ¿por qué un político profesional puede expresar abiertamente que los descendientes de víctimas del franquismo son unos peseteros?, ¿por qué un locutor de radio puede animar a mandar aviones de guerra sobre una región del Estado?, ¿por qué un candidato a alcalde puede llevar un eslogan que sugiere mantener limpio el municipio de migrantes?, ¿por qué una asociación "de utilidad pública" puede sacar un autobús burlándose de las personas homosexuales?, ¿por qué un partido sigue sin ilegalizarse después de haber sido condenado por corrupción por la Audiencia Nacional, tras haberse probado que llegó al poder ayudándose con capital de procedencia ilícita y que ha gobernado facilitando la mercantilización de servicios públicos básicos, favoreciendo así el aumento de la desigualdad? ¿Puede haber mayor incitación al odio que la creación de desigualdad de oportunidades por parte de nuestros gobernantes?

Y si no es el caso, ¿a qué viene perseguir cantantes “con la legalidad”?



Merece la pena que leas el Manifiesto en defensa de la libertad de expresión y creación y el derecho a la protesta de la Plataforma en defensa de la libertad de información.

Yo también lo he firmado.




15 de mayo de 2016

¿De dónde venimos?

Parece conveniente abordar otro de los problemas que arrastra España a la hora de mirar los datos de las evaluaciones internacionales de educación. Un problema que, por otra parte, suele tener mucho en común con el de otros países en vías de desarrollo como pueden ser los de América Latina. Dicen que las comparaciones son odiosas. Yo no iría tan lejos, pero hay aspectos que son más susceptibles de comparación que otros entre sociedades. Así, al igual que parece complejo trasladar el sistema educativo finlandés a países que multiplican por siete la población de Finlandia, no parece difícil caer en la cuenta de dónde partía cada sociedad.

Escuela franquista

Como tampoco es difícil caer en la cuenta de que niños con escaso acceso a la cultura en sus familias, barrio o pueblo, lo tendrán más complicado para llegar a puestos directivos que niños con entornos favorables. Y no es que haya que llegar a puestos de dirección en alguna gran empresa para, digamos, realizarse como persona. Pero parece que son los estándares en boga en una sociedad global que tanto valora el éxito individual. En cualquier caso, volviendo a la capacidad de acceder a la cultura, a la calidad de formación académica que pueda alcanzar un menor, parece claro que su entorno sociocultural es un factor importante (sería atrevido calificarlo como determinante, pues siempre hay excepciones). Bastaría con describir algunos ejemplos intuitivos: hijos de padres con estudios superiores, hijos de padres ávidos lectores y visitantes de museos… Pero no basta; también cuentan los recursos económicos y cómo se empleen, así como un sinfín de factores, incluida la dedicación o el interés real de los progenitores por acercar la cultura a sus vástagos.

Esto, que parece de Perogrullo, no es tan fácil de asimilar cuando nos tiran a la cara una tabla con datos. Como si en un hoja de cálculo cupiera todo, incluso más allá del cinturón de Kuiper. Pues tiremos de tabla de datos:


¿No les dice nada? Es sencillo: los niveles 0-2 son los de menor formación académica; los niveles 3-4 son los intermedios (educación secundaria), y los niveles 5-8, los superiores (formación profesional superior en un extremo, y doctorado en el otro). Es decir, mientras que en la media europea el mayor porcentaje de población cuenta con estudios secundarios (45’0 % las mujeres, 48’4 % los hombres), en España el mayor porcentaje de la población cuenta solo con estudios primarios (41’6 % las mujeres, 45’2 % los hombres). Naturalmente que estas diferencias se van atenuando en edades jóvenes, porque cuarenta años de democracia pueden haber servido para recuperarnos. Pero, como declaró el filósofo Emilio Lledó recientemente, “este país sería mejor si se hubiera mantenido la República”. Y es que cuarenta años de dictadura franquista pasan factura.

Dos generaciones de retraso en educación no son moco de pavo y de alguna manera debe de sentirse. Y aún se sienten. Porque, lejos de apaciguarnos, quienes siguen detentando el poder empresarial y económico se niegan a perderlo, obviamente, y, desde el telón de fondo de la democracia, “libremente” siguen moviendo los hilos para reinstaurar las diferencias. Se empieza a cuestionar al sistema mediante datos escogidos, cuando, en realidad, se realiza una crítica que apunta a destruir los mínimos pilares que se han ido fijando para contribuir a una sociedad más equitativa. Se critica la igualdad como si no fuera obvio que cada cual es de su padre y de su madre, cuando saben que nos referimos a crear igualdad de oportunidades (“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”, ¿verdad que les suena?). Apuntan al sistema educativo y a las leyes que hay detrás olvidando que la incorporación laboral de la mujer en España tuvo su máximo auge a partir de los 90, que la burbuja inmobiliaria y el boom de la construcción sedujeron con cantos de sirena a miles de alumnos de instituto. Y, tras encandilar con el producto importado del sueño americano, disparan con bala a quienes se quedan por el camino, poniéndoles de vagos para arriba. Bueno, a ellos, a sus familias y a sus profesores. Siguen defendiendo el éxito individual por encima del éxito de la comunidad, como si la comunidad no hubiera hecho bastante ya por ellos, y lo que es peor, como si lo ignorasen. Mueven los hilos sirviéndose de campañas institucionales o de tapadillo dan pábulo a todo aquel que llegue con la idea de “diferenciarse” o de “marcar la diferencia”, para luego aparecer como nuestros salvadores: para remediar la brecha digital que fomentan, por ejemplo. Y, por supuesto, que “cada cual se busque la vida como lo he hecho yo”, dicen. De hecho, será muy raro oír a alguien humilde criticar al “papá Estado” al que aluden estos potentados o quienes les siguen.

Por supuesto que el esfuerzo individual cuenta para que cada cual salga adelante (otra obviedad), pero uno solo no logra nada (otra obviedad que parecen olvidar). Como si no nos esforzáramos. Y claro que habrá de todo, pero fíjense que siempre son las huestes que se hacen llamar neoliberales las que llaman la atención sobre el valor del esfuerzo, y miren, entre otras, noticias como esta: “El Gobierno de Cifuentes utiliza hospitales públicos de Madrid para recolocar a afines al PP”.

Y, mientras, van dinamitando la escuela pública apoyándose en el discurso de los méritos. Haciéndonos olvidar que el mérito de la escuela pública es el de contribuir a una sociedad con menos diferencias sociales y culturales, donde cada cual aprenda a sacar lo mejor de sí mismo. Y perseveran en empujar al ostracismo a quienes no pueden costearse las cuotas (alegales) de la educación concertada (privada, pero financiada con fondos públicos), empujando a un falso elitismo a quienes creen todavía que la letra con sangre entra, como nos contaron los abuelos, como les contaron a ellos durante cuarenta años de nacionalcatolicismo. Porque es de ahí de donde venimos. Y no nos dejan despegar.




8 de noviembre de 2014

“En la buena dirección” y su doble sentido

¿Pero en qué sentido? ¿Hacia delante o hacia atrás? Ah, que es un juego de palabras; los genios creativos que diseñaron este eslogan para el PP quieren decir que los españoles estamos bien dirigidos por Rajoy y compañía, en buenas manos. Pero, entonces, ¿sugieren esa dirección como un estamento ejecutivo de una empresa? No creo. A no ser que los dirigentes del PP hayan considerado que España es una empresa.


Empecemos por la primera acepción y podremos imaginar una dirección como una línea recta. No hace falta recordar nuestros estudios básicos de matemáticas para darse cuenta de que esa línea recta es infinita. Pero llevemos esa idea a un plano y hagámosla pasar por dos puntos:


Podemos acotar lo que queda entre A y B y lo llamamos segmento. Entre los infinitos (sí, siguen siendo infinitos) puntos reales que hay entre A y B, vamos a ver en cuál nos hallamos. A ese punto lo llamamos C:


Bueno, ¿hacia dónde vamos: hacia A o hacia B? Ahora dibujamos una punta de flecha en A y otra en B, ambas de sentido contrario:


Así que, para la primera acepción, la geométrica, ya vemos que “en la buena dirección” no tiene un sentido, sino dos. Y opuestos. Veamos:

Destino A
Destino B
- Justicia social - Desigualdades sociales
- Educación pública de calidad - Educación privatizada
- Sanidad pública universal - Sanidad privatizada
- Servicios sociales públicos - Caridad privada
- Derechos laborales - Incertidumbre laboral y paro
- Democracia - Corrupción
... ...

Cabe añadir una observación: en el PP podrían haber lanzado este eslogan: “En la buena trayectoria”. Para su acepción geométrica habría sido muy similar, pues, aunque una trayectoria puede tomar diversas direcciones, al describir líneas curvas, de lo que se trata al fin y al cabo es decir que “vamos por el buen camino”. O eso intentan transmitirnos.

En relación a la acepción –digamos– empresarial, es como si recurriesen a una antológica frase de su amado líder: “Estamos trabajando en ello”, mientras que el resto de españoles debemos seguir con nuestras obligaciones diarias. El patrón vela por sus trabajadores, parece, ¿verdad? Así nos pueden inculcar ese mantra: “Una empresa comprometida con crear puestos de trabajo”, que tan alejado puede parecer del: “El empresario está para hacer dinero”. Al fin y al cabo no somos más que simples peones de una maquinaria financiera que manejan ellos al dictado neocón. “Miremos los servicios en términos de rentabilidad económica”, nos repiten desde hace años. De acuerdo, pero ¿en qué período? ¿En dos años, en quince, en treinta? Lo digo porque, si echamos un vistazo a la gestión económica de Rato y su equipo en el Ministerio de Economía, obtenemos diferentes resultados: los aparentes, hasta 2007, y los reales, desde 2008. Solbes mediante.
Por otra parte, si privatizan servicios públicos, en realidad, están cediendo la gestión de estos. Y, entonces, están perdiendo capacidad directiva, ¿no? A no ser que sigan dirigiendo esos servicios privatizados tras pasar por eso que llaman puertas giratorias.


En resumen, es tan ridículo el eslogan como el resto de la campaña de marketing:

- Lemas falaces, como “regeneración democrática”

- Nombres de congresos rimbombantes: “Estabilidad y buen gobierno en las Comunidades Autónomas”

- Congresos mastodónticos

- Pose “casual wear”

- Tautologías y mensajes chorras: “Este Gobierno está haciendo lo que tiene que hacer y va a seguir haciéndolo”


Viñeta de El Roto en El País (14-02-2012)

Estamos gobernados por magufos charlatanes, que, en un sentido o en otro, nos mantienen en la misma dirección.