30 de agosto de 2014

50 % menos no se compensa con 50 % más

Tienen gancho los titulares con cifras y porcentajes, ¿verdad? Hasta cierto punto nos dan una primera impresión de verosimilitud. "Queremos datos, no opiniones", se dice. De acuerdo, pero los datos que se dan, y más en los titulares, solo son una parte. A pesar de que casi todos los adultos tenemos las nociones aritméticas bastante asentadas, nos lanzamos a opinar sin leer más allá del titular numérico.



Nos perdemos con las cifras absolutas que contienen muchos ceros. Para lo cual enseguida solemos buscar una comparación con algo conocido. Intentamos relacionar. Damos así con un dato numérico relativo a algo conocido. El ejemplo más manido suele ser el de comparar hectáreas con campos de fútbol.

Cuando nos dan datos relativos como son los porcentajes, puede parecernos que no necesitamos referencias. Pero no es así. En particular, recomiendo que os fijéis en los porcentajes que se venden como grandes esfuerzos presupuestarios.
 
Pensemos en el siguiente ejemplo (Fuente: MECD):





Variación respecto a:
Fecha
Gasto Educación (M.€)
Año anterior
Máximo histórico
2012
46.789,60
-7,95 %
-11,87 %
2011
50.828,60
-3,59 %
-4,26 %
2010
52.721,00
-0,70 %
-0,70 %
2009
53.092,20
Máximo histórico


Aún no se han publicado los gastos de 2013. Aun suponiendo que fueron mayores que los de 2012, cualquier incremento que fuera menor a un 13,47 % no alcanzaría el máximo histórico de gasto en Educación en España. ¿Por qué?

Veamos la diferencia absoluta entre 2009 y 2012 (M.€): 
53.092,20 – 46.789,60 = 6.302,60 
Es decir, el valor absoluto (en millones de euros) en que habría que incrementar el gasto de 2012 para alcanzar el gasto de 2009. 
Bien, ahora veamos cuánto representa en términos relativos al gasto de 2012 (es decir, en porcentaje): 
6.302,60 / 46.789,60 x 100 = 13,47 %

Como se ve, 13,47 % es mayor que 11,87 %. La razón es muy sencilla: la cifra de 2012 es menor que la cifra de 2009; y si dividimos la misma cantidad entre un número menor, el resultado es mayor.
 
Como regla mnemotécnica podéis recordar esto:

100 – 50 % = 50

50 + 50 % = 75

Espero que os haya resultado útil, al menos como recordatorio. Sobre todo cuando volváis a escuchar a vuestro jefe hablar de una subida de sueldo, o cuando leáis o escuchéis a algún dirigente político anunciando incrementos presupuestarios.


NOTA: El gasto en Educación per se no mide el esfuerzo en esta materia si no se expresa con el gasto por alumno o se compara con el Producto Interior Bruto, entre otros. El gasto de 2009 también alcanzó el máximo histórico, 5,07 % del PIB; el gasto de 2012 representaba el 4,55 % del PIB (la media de la UE está en el 5,3 % del PIB).





8 de agosto de 2014

Pescador de recuerdos


“Es más lo que nos une que lo que nos separa”, se suele escuchar cuando se trata de acercar posturas. Sin embargo, recurriendo al álgebra de conjuntos, encontramos que también puede unirse “lo que separa”, o, más bien, lo que no es común. Lo que se denomina diferencia simétrica, expresado así: A Δ B = (A – B) ∪ (B – A). Vamos a ver si lo podemos retratar de alguna forma con un texto.
Donde se encuentra la tierra con el mar, rompiendo olas contra rocas, apenas hace unos años vivía un viejo marinero de barba blanca, ojos teñidos de horizonte y piel surcada. Para sí guardaba historias de viejo lobo de mar, que más bien se referían a medio siglo de pesca de bajura. Vivía solo, si no fuera por el único guardián de su casa: un terranova la mitad de viejo que él en edad, vitalmente aún más cascado. Paseando eran dos, pero recordando sus peripecias, las tormentas y las idas y venidas en la mar bravía, solo estaba el viejo pescador. Abandonado a su memoria, zarandeado por el cierzo y el mistral, agitado por la tramontana y mecido por poniente. Aún no se sabía vencido por las procelosas aguas de la vida, que como un océano le habían criado entre criaturas variopintas, humanas las menos. Menos en cantidad pero de mayor intensidad: de risas y llantos sus reencuentros, de sonrisas y sollozos sus encuentros, de misterio sus anhelos y de dolor las pérdidas.

La perdió hace décadas, cuando ella descubrió que las esperas eran desesperantes, ella que le quiso tanto, pese a sus sueños perdidos. Los sueños de ambos, diluidos en espuma de mares que jamás surcaron juntos, alejados en sus tareas como cercanos estaban sus corazones.

Y seguían estándolo, al menos el de él, sin saber qué fue de ella, mientras manoseaba su última carta, con matasellos de la capital. Una carta que terminaba con un lacónico “adiós”. Un hasta siempre y no un hasta nunca, como él solía pensar. Era su más preciado objeto; ni su paquebote ni sus redes ni cualquier otro de sus aparejos podían competir con el preciado pedazo de papel que guardaba en una oxidada caja de anzuelo atunero. Era la caja de su secreto, del amor que nunca quiso ser, del que complementaba al de su esposa, fallecida hacía tres años. Eran dos recuerdos, dos pérdidas materiales, pero lo inmaterial siempre queda y sigue siendo.

Su esposa, el amor de su vida, finalizó la suya sin saber de aquel secreto, que, como dice el vulgo, uno de los más profundos era siendo del corazón. O así creyó el viejo marinero que así había sido o, al menos, por las noticias que no llegaron. Pues uno no sabe si lo que oculta le es ocultado en el saber de quien sabe que le es ocultado. Pero la porfía no es menester cuando los hechos son, cuando las décadas de amor anulan cualquier misterio que cada persona tiene, por ser persona única, aunque su vida sea en pareja. Y así fue en dos tercios de sus vidas, un amor, una amistad y un sinfín de confesiones que compartieron en el crisol de sus pasiones, de sus vivencias juntos, felizmente casados. De su esposa era lo vivido, de ella, lo soñado, y de ambas, una pena de soledad. Una soledad para la que nunca se había preparado ni en las semanas de alta mar.

Cansado de recordar, decidió el pescador marchar al pueblo, alejarse de la soledad y tratar de recuperar su infancia en la población que le vio crecer antes de hacerse a la mar. Empero, encontrándose ocupado en hacerse el equipaje, puede que por azar o quizá por el destino, quiso su mano encontrar una foto de su esposa, que nunca antes había visto. Y detrás de la foto un marco y, pegada al marco, una flor, marchita, seca, pero aún de vivo color. Entre sus pétalos y el marco, cuando él la desprendió, pudo leer una frase con letra desconocida. Antes de comprender su sentido, se preguntó por su origen, por su autoría, ya que nadie en su casa estuvo, ni hijos ni criada. ¿Quién pudiera haberla escrito? Aunque algún calamar había pescado en sus años de brega en el azul, no era experto en tintas ni en formas. No era calígrafo tampoco, ni astuto. Pero era claro el fondo y oscura la tinta; no había duda, pero sí la había en su sentido. ¿Quién podía haber escrito “te amo” entre una flor y una foto? ¿Quién, si no era su letra y jamás vio aquel retrato?

Lejos de medrar más, no pudo sino sonreír, creyendo que su esposa también se llevó un secreto. Empezó a reflexionar: «¡Oh!, mi dulce amada. ¡Cuánta razón tenías cuando, aún viva, me explicabas que el amor no es uno, que el amor es mucho, que no es lo que se ve sino lo que siente y que jamás se puede abarcar! Comprendo cuánto me amaste, comprendo mas no importa, pues lo sincero es eterno y siempre fui consciente de ello. Me enseñaste la bondad y me ocultaste cuanto creíste que me habría hecho mal. Siempre supe que tenías amor de sobra, nunca pudimos compartirlo con un hijo, aunque quizá le hubiéramos dado todo, pero ahora estoy seguro de que fuimos dos amores repartidos por el viento: tú por tu lado, yo por el mío y juntos nos mezclamos. Me hace gracia nuestra ignorancia, ésa que nos mantuvo unidos y ahora nos fusiona sin confusión, sin prisas, en un soñar alcanzado, el de haberte conocido. Gracias por decírmelo, sabías que lo encontraría».



31 de julio de 2014

Un solo protón


Se encuentran por la Red páginas sobre esoterismo y magias varias. Al igual que páginas de remedios universales con tradición milenaria. Son estos y muchos otros cuentos de hadas los que soportan eso que llaman movimiento de la nueva era. Uno hace esfuerzos por no sonrojarse, pero cuesta. En cierta ocasión le pregunté a alguien por qué escribía con diéresis1 la palabra “antiguos” (¡”antigüos”!) y su respuesta fue automática: “¡Ah!, porque siempre lo he escrito así”. ¡Y es que hay cada elemento!


(Advertencia a los nuevos lectores de este blog:
ruego me disculpen si en algún pasaje
encuentran el tono excesivamente socarrón;
me parece el más indicado para denunciar magufadas)

Como los griegos establecieron que había cuatro elementos, y de eso hace muchos años, ¿por qué no seguir con esa idea? Si se lo cuentas a un niño de unos cuatro años, se lo cree: “Claro: el agua para mezclar todo, porque todo está hecho de tierra, que, si se calienta con fuego, se puede quedar duro, y lo que sobra... pues será aire”, replica mientras hace volar su avión de juguete por “lo que sobra”. Hemos de admitir que no interpretar el modelo de los cuatro elementos como una alegoría supondría caer en la falacia del historiador, pero interpretarlo hoy en día como un modelo explicativo de la naturaleza sería totalmente erróneo. Téngase en cuenta, además, que la palabra “elemento” procede del latino “elementum”2, posterior al griego clásico hablado por Tales de Mileto. Quien parece que fue el precursor de tales -no podía evitarlo- interpretaciones al suponer que el principio de todas las cosas (arché) era el agua3.

Pero hete aquí que llega Cavendish en 1781 y consigue producir agua a partir de otras dos sustancias (hidrógeno y oxígeno, bautizados ambos unos años más tarde por Lavoisier, aunque el hidrógeno ya fue identificado como sustancia discreta por Cavendish en 1766). ¿Qué pasa? –os preguntaréis– ¿qué el agua deja de ser uno de los cuatro elementos? Pues no; el agua sigue siendo uno de esos cuatro elementos “de toda la vida”. Como la astrología, los chacras, el tarot y los alienígenas que nos obsequiaron con las pirámides de Egipto (miles de páginas en Internet). Sí, amigos, erraréis si os creéis esa milonga de que la molécula de hidrógeno es un compuesto de dos átomos de hidrógeno, el elemento químico más “pequeño” conocido, y acaso el más abundante en el Universo –conocido–. Como se equivocó Julio Verne, pero, claro, es ciencia-ficción: “Sí, amigos míos, creo que el agua se usará un día como combustible, que el hidrógeno y el oxígeno que la constituyen, utilizados aislada y simultáneamente, producirán una fuente de calor y de luz inagotable y de una intensidad mucho mayor que la de la hulla”4.

Pero, en realidad, este post no persigue convenceros de nada. No es este humilde servidor –no estoy hablando de hosting– quien habla de oscurantismo. Ahí tenéis a los astrofísicos de la NASA que sospechan que el Universo es oscuro5 en un 95 %.
Increíble, ¿verdad? Podéis creer e incluso soñar con lo que queráis, que los sueños, sueños son. Pues, como escribió Shakespeare (unos años antes que Calderón): “Somos de la misma sustancia que los sueños, y nuestra breve vida culmina en un dormir”6. Frase que, al parecer, transformó John Huston sobre la novela de Dashiell Hammett para redondear el final de El Halcón Maltés: Le preguntan al detective privado Sam Spade (Bogart) de qué es el halcón y este responde: “Del material con que se forjan los sueños”.

Esa figurita de incalculable valor estaba hecha de oro. Pero, como sabéis, no es oro todo lo que reluce: “(...) que unos son de oro, otros de alquimia (...)”7, le dice don Quijote a su sobrina para prevenirla de los que no son verdaderos caballeros. Y probablemente, aunque confiéis a ciegas en los designios de las doce (o trece) constelaciones zodiacales, sí que habréis supuesto que hay muchas más estrellas en el Universo. Y que lucen y relucen, sin ser oro. Bien, pues allá vosotros si creéis que están compuestas básicamente de dos elementos mucho más ligeros como son el hidrógeno y el helio. ¡Cómo se puede afirmar siquiera que el hidrógeno constituye aproximadamente el 74 % de la masa bariónica8 del Universo? Cabe la posibilidad de que sea un complot iniciado precisamente por Cavendish: primero descubre el hidrógeno y luego urde un plan para calcular la densidad de nuestro planeta9, ¡cómo si eso fuera posible! El resto ya lo sabéis: ¡Hala, a pesar las estrellas y otros objetos siderales!10.

Mas lo que nos había traído hasta aquí no era conocer cuánto pesan los astros, aunque esté relacionado, sino conocer de qué materia (bariónica, recordad) está hecho el Universo. Si aún no habéis desechado la idea de los cuatro elementos de la Antigüedad, sabed que no era la única doctrina acerca de la composición de la physis (Naturaleza): Primero Leucipo, luego Demócrito y después Epicuro, fundamentalmente, sostuvieron que la materia estaba compuesta por átomos (“sin partes”, indivisibles, los objetos más pequeños). Nos podía haber dado por tomar ese camino, ¿verdad? Ya, pero ese camino, aunque igual de especulativo, no estaba tan en boga cuando el helenismo que precedió a Alejandro Magno entró en contacto con las religiones orientales y egipcias. Especialmente esta última. Así, en la dinastía ptolemaica es dotado de nuevas ínfulas esotéricas, a partir de la mezcla de diversas sustancias para ceremoniales religiosos (que ya se venía haciendo desde la época de Keops según algunos historiadores).

Quiero hacer un paréntesis importante porque acabamos de llegar a la piedra angular del post. Acabo de referirme al carácter esotérico que se va añadiendo al modelo aristotélico de los cuatro elementos. Bien, os presento otra palabra: “hermetismo”. ¿Asociáis alguna idea entre ambas? Fijaos a continuación en las siguientes definiciones11 que da el diccionario de la Real Academia (http://www.rae.es/):

hermetismo.
esotérico, ca.
(De Hermes Trimegisto, nombre griego del dios egipcio Tot, al que la tradición griega acabó atribuyendo conocimientos esotéricos sobre magia, alquimia y astrología).
(Del gr. ἐσωτερικός).
(έσώτερος [AFI /e'so:teros/]: «dentro, desde dentro, interior, íntimo»; unido al sufijo «–ismo»)
1. m. Cualidad de hermético (‖ impenetrable, cerrado).
1. adj. Oculto, reservado.
2. m. Doctrina filosófico-religiosa basada en los escritos atribuidos a Hermes Trimegisto, sobre conocimientos esotéricos y de alquimia.
2. adj. Dicho de una cosa: Que es impenetrable o de difícil acceso para la mente.
3. adj. Se dice de la doctrina que los filósofos de la Antigüedad no comunicaban sino a corto número de sus discípulos.
4. adj. Dicho de una doctrina: Que se transmite oralmente a los iniciados.

Sobre la superación de este tratamiento hermético o esotérico iré refiriéndome a partir de ahora. Pero confío en que ya habréis ido sacando alguna conclusión. Sigamos.

La dominación romana en los albores de nuestra Era sigue bebiendo de la tradición helena e incluso de sus últimas incorporaciones místicas orientales y egipcias. Pero lo que realmente marca el devenir del pensamiento desde entonces es la irrupción del cristianismo. En un esfuerzo por racionalizar la fe, los padres de la Iglesia recurren sobre todo a las ideas de Platón. Los presupuestos de otras escuelas filosóficas no serán santificados con igual fervor, incluida la aristotélica (o peripatética), y, en la mayoría de los casos, serán relegadas al paganismo. La tradición alquímica emigrará dentro del paquete peripatético hasta Persia, donde, con el nacimiento del Islam, seguirá su transmisión de manera secreta entre los intelectuales de la época. Y, de nuevo, con la expansión Omeya, regresará al continente europeo siglos más tarde para quedarse. El aristotelismo resurge en el medievo europeo de la mano de la Escolástica (Tomás de Aquino) y sentará su doctrina sobre la concepción del universo. Hasta el Renacimiento.

En esa dorada época de resurgimiento intelectual, impulsada con el perfeccionamiento de la imprenta por Gütemberg, la cultura reivindica a sus clásicos y busca nuevas interpretaciones a los textos que habían permanecido ocultos en monasterios. La Biblia incluso, hasta el punto de reivindicar una interpretación por parte de cada creyente, es traducida al alemán por Lutero. Fijaos hasta qué punto se trata de vencer el poder tradicional de las élites religiosas a lo largo de la Historia. Pero se siguen otros caminos, que no necesariamente implican una lucha contra el poder establecido, sino, “simplemente”, una búsqueda de explicaciones satisfactorias sobre la complejidad del mundo. La Física de Aristóteles no explica las nuevas observaciones de los astros celestes tan bien como la nueva física mecanicista y nuestro mundo dejará de ser el centro del Universo.

Mientras la alquimia mantiene su camino hermético, una de las magnas obras clásicas es rescatada de la reclusión monástica en forma de magnífico incunable (1473): De Rerum Natura (“De la Naturaleza de la cosas”), de Lucrecio (99 - 55 a. e. c.). Este autor, gran seguidor de Epicuro, compone un poema de gran valor literario y didáctico para que el hombre afronte una realidad en un universo sin dioses y así también intentar liberarlo de su temor a la muerte. Para lo cual propone la observación y el conocimiento:

“¡Somos la diversión de unos terrores
Tan frívolos y vanos! Desterremos
Estas tinieblas y estos sobresaltos,
No con los rayos de la luz del día,
Sino pensando en la naturaleza”.12

Pero, como fiel reflejo de la doctrina epicúrea, en De rerum natura también se expone claramente la concepción de un universo constituido por átomos:

“La extremidad de un átomo es un punto
Tan pequeño, que escapa a los sentidos;
Debe sin duda carecer de partes:
Él es el más pequeño de los cuerpos,
Ni estuvo ni estará jamás aislado;
Es una parte extrema, que juntado
Con otras y otras partes semejantes,
Forman así del átomo la esencia”.13

Esta obra sirve de inspiración a filósofos de la época y a los primeros científicos de la nueva ciencia (y hasta nuestros días), especialmente a empiristas como Francis Bacon, quien tuvo como principal “apoyo” (mutuo) a Robert Boyle (1627-1691). Este, considerado por algunos el fundador de la Química14 moderna (como ciencia), no se acoge sin más a la doctrina atómica. Aunque es el primero en referirse a los “elementos”, tampoco tiene a bien aceptar sin más la tétrada elemental de agua, aire, fuego y tierra. Boyle, denostado por el racionalismo europeo de la época (Leibniz, Spinoza...), fue sobre todo un experimentador nato, al que no le importaba tanto el descubrimiento de leyes universales (aplicando la matemática) como la exploración de fenómenos:

“(...) el proceder más seguro consiste en aprender mediante experimentos particulares de qué partes heterogéneas constan los cuerpos particulares, y por qué medios, sea el fuego actual o potencial, se pueden separar de la manera mejor y más conveniente, sin pugnar infructuosamente por forzar a los cuerpos a más elementos de aquéllos con que la naturaleza los conformó o sin despojar a los principios separados, dejándolos tan desnudos que, haciéndolos exquisitamente elementales, se tornen laboriosamente inútiles”.15

De manera documentada, fueron Paracelso (1493-1541) y después Boyle anteriores a Cavendish en producir hidrógeno, pero, como apunté, no fue otro sino Cavendish el primero en identificarlo como una sustancia discreta. Boyle aportó la descripción por pasos y la voluntad de difundir sus experimentos en un lenguaje común. Cavendish supo interpretar que era un nuevo gas, pero no supo explicar por qué reaccionando con otro gas producía agua. Tuvo que llegar Lavoisier (1783) para desterrar la teoría del flogisto y dar una explicación convincente de la producción del agua a partir de esos gases (hidrógeno y óxígeno). Y para ello tuvo que hacer mediciones precisas contando con todos los intervinientes en la reacción: Cuánto pesan los reactivos, cuánto pesan los productos, en virtud de una ley científica que, como no podía ser de otra forma, venía corroborada por la experimentación: “En una reacción química ordinaria la masa permanece constante, es decir, la masa consumida de los reactivos es igual a la masa obtenida de los productos”, dice la ley de la conservación de la masa de Lavoisier-Lomonósov (Este descubrió años antes (1745) que en una reacción química la materia se conserva, la masa inicial es igual a la masa resultante). Otro apunte necesario para este post (que se está alargando mucho) acerca de Lavoisier, fue el descubrimiento de que los elementos que participan en una reacción química, conservan cada uno de ellos su propia masa después de la reacción. Este hecho fue verificado por Dalton (1804) y sirvió para retomar definitivamente y para la ciencia que la materia está compuesta por átomos.

Ahora sí, la alquimia y los cuatro elementos de la Antigüedad pueden seguir en las bibliotecas privadas de aquellos que dicen tener el “secreto” y solo optan a compartirlo a cambio de la “voluntad”. Es decir, a cambio de someter la voluntad de miles de personas dispuestas a dejarse engañar a costa de enriquecer monetariamente a cualesquiera iluminados de la New Age.

Quizá os preguntaréis todavía el porqué del título de este post: “Un solo protón”. Si las sucesivas alusiones al hidrógeno no han sido suficientes, ahí van tres motivos que quizá sirvan para convenceros (pero solo del título):
  • Tradicionalmente uno de los sueños alquimistas era lograr la “transmutación” de metales: obtener oro a partir de otra sustancia, especialmente el plomo. Hasta el siglo XX no se ha sabido que es otro elemento casi tan denso y casi tan codiciado el que acaba siendo plomo: el uranio.
    Porque la transmutación de un elemento químico en otro obedece a un proceso físico, no químico; es decir, no es posible mediante reacciones químicas, en las que solo los electrones de las capas externas se intercambian; para cambiar de un elemento químico a otro hay que cambiar el número atómico; es decir, cambiar el número de protones. Hace falta al menos el cambio de UN SOLO PROTÓN.
  • Recurramos al más que discutible principio de la Navaja de Ockham: “En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta”. Y quedémonos con esa “igualdad de condiciones”. Lo cual nos obliga a clamar por esa igualdad, por abominar del secretismo, del oscurantismo en que permaneció el conocimiento durante miles de años.
  • De ahí que nos sirva como metáfora para acabar hablando del elemento químico más sencillo, el hidrógeno, con UN SOLO PROTÓN, y decir: “No siempre lo más simple encuentra su sitio y a veces acaba escapando”.
    ¿Por qué hacemos este juego literario? Porque siendo el elemento químico más presente en el Universo, el hidrógeno representa un porcentaje inapreciable en la masa terrestre. Vale, supongamos que representa un porcentaje apreciable en lo que llamamos biosfera (10 %), sigue siendo bastante alejado del total del universo (74 %). Su principal presencia es en el agua (formando parte del compuesto agua y también disuelto en ella), y, por ende, también está en la mayoría de los seres vivos. También se encuentra en todos los compuestos orgánicos y en muchos inorgánicos, como algunos ácidos. Y, desde luego, también está en la atmósfera, como molécula, H2. Pero, dadas la características de nuestra atmósfera, se produce la fotodisociación del agua (vapor) en sus elementos atómicos, oxígeno e hidrógeno. Y a partir de los 60 km el hidrógeno atómico16 que no es ionizado escapa de nuestro planeta. Es poco, sí, pero esta vez no es UN SOLO PROTÓN.

Porque, en resumidas cuentas, parece triste quedarnos con viejas concepciones erróneas, por antiquísimas que sean, cuando en realidad, nuestro Universo es mucho más antiguo... y más amplio que todos nosotros. ('Star Size Comparison')


¿Por qué seguimos aferrándonos a supercherías? No tenemos respuesta, es algo que, como el hidrógeno, se nos escapa.

Esta entrada participa en la XI Edición del Carnaval de Humanidades,
cuyo blog anfitrión es SCIENTIA

1 Nos referimos al signo ortográfico que, salvo en poesía y por razones de métrica, solo debe situarse sobre la letra “u” en las sílabas “gue”y “gui”, para indicar que dicha vocal debe pronunciarse. Fuente: RAE, Diccionario panhispánico de dudas http://lema.rae.es/dpd/?key=di%C3%A9resis

2 Se desconoce un origen seguro de la palabra “elementum”. Hay quienes sugieren su origen en el abecedario latino, partiendo de este orden “eLe”-”eMe”-”eNe”. Se puede ver una discusión curiosa en esta dirección https://depalabra.wordpress.com/2007/01/23/elemento/ . En ese post no se comenta, pero hay quienes lo simplifican arguyendo el sentido de “abecé” actual, según el DRAE: “Conjunto de rudimentos o principios de una disciplina o ciencia”.

3 Al que luego le fueron rectificando: Anaxímenes defendiendo que era el aire, Heráclito, el fuego y Jenófanes, la tierra. Empédocles, en un alarde de eclecticismo, prefirió quedarse con todos esos archai, y eso le gustó a Aristóteles, quien, saltándose sus principios empíricos una vez más, redondeó la faena añadiendo la quintaesencia, a la que llamó éter. Sustancia física jamás encontrada (véase experimento de Michelson y Morley), salvo, quizás, por quienes antes han inhalado la sustancia química llamada éter etílico o etoxietano.

4 Verne, Julio: La isla misteriosa, edición html en http://www.librosgratisweb.com/html/verne-julio/la-isla-misteriosa/index.htm p. 217 (II. Parte. Capítulo 11. De nuevo el invierno. Discusión sobre el combustible: Respuesta del ingeniero Ciro Smith (o Cyrus Harding) a la pregunta de sus compañeros, el periodista Gedeon Spillet y el marino Pencroff, sobre lo que ocurriría con el progreso industrial y comercial cuando en el futuro se agotara el carbón)

5 Fuente: NASA, en http://map.gsfc.nasa.gov/universe/uni_matter.html ('¿De qué está hecho el Universo?'): “La sonda espacial WMAP determinó que el universo es plano, de donde se deduce que la densidad media de energía en el universo es igual a la densidad crítica (dentro de un margen de 0,5% de error). Esto es equivalente a una densidad de masa de 9,9 x 10-30 g/cm3, que es equivalente a sólo 5,9 protones por metro cúbico. De esta densidad total, ahora (desde enero de 2013) conocemos las siguientes proporciones: 4,6% de átomos (…); 24% de materia oscura (…), y 71,4% de energía oscura (...)”.

6 Shakespeare, William: La tempestad. Edición pdf en http://www.mad-actions.com/docs/the%20tempest_esp.pdf P. 43 (Acto IV, esc 1: Pasaje en que Próspero, el legítimo Duque de Milán, trata de calmar a su hija Miranda y a su prometido, Fernando, hijo de su hermano Alonso, de quien se acaba de vengar con sus “poderes mágicos” por haberle usurpado el ducado).

7 Cervantes, Miguel de: Don Quijote de la Mancha (II parte). Edición html en http://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte2/cap06/default.htm CAPÍTULO VI (De lo que le pasó a don Quijote con su sobrina y con su ama, y es uno de los importantes capítulos de toda la historia).

8 “La materia bariónica es aquella en cuya masa predominan los bariones, la cual puede estar formada por átomos de todo tipo, y por tanto, ser casi cualquier tipo de materia. Su contrario es la materia no bariónica”, extraído de este enlace: http://es.wikipedia.org/wiki/Bari%C3%B3n#Materia_bari.C3.B3nica (véase el enlace de la cita #4)

9 Una proeza. Aquí podéis leer más: http://es.wikipedia.org/wiki/Experimento_de_la_balanza_de_torsi%C3%B3n#Error_com.C3.BAn “Después de convertir a unidades del Sistema Internacional c.g.s., el valor obtenido por Cavendish para la densidad de la Tierra es 5,45 g/cm3”. ¡Vaya! Pues va a ser que no solo es agua (cuya densidad es 1,00 g/cm3). A quienes sigáis creyendo en la ciencia os recomiendo la lectura del capítulo correspondiente en el libro de Lozano Leyva, Manuel: De Arquímedes a Einstein, Debate, 2005

10 Si lo de Cavendish resultó una proeza, el camino abierto (aún con “guijarros y socavones”) es realmente arduo. En el post que os relaciono a continuación se describe con un lenguaje bastante comprensible, a partir, especialmente de la aplicación de las Leyes de Kepler. Aquí lo tenéis: http://infobservador.blogspot.com.es/2011/01/como-se-mide-la-masa-de-algo.html

11 He preferido mantener las categorías morfológicas diferentes (sustantivo y adjetivo) para comparar tal cual las acepciones en el DRAE y facilitar mi exposición (las definiciones de hermetismo-esoterismo o de hermético-esotérico no vienen tan bien relacionadas visualmente; sugiero al lector que haga la prueba)

12 Lucrecio (Traducción de José Marchena): De rerum natura (De la naturaleza de las cosas), 1913, en soporte digital html en Biblioteca Virtual Cervantes (Libro III, 128-131) http://bib.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01383808666915724200802/p0000004.htm#I_11_

13 Ibídem (Libro Primero, 755-762)

14 Asimov, Isaac: Breve historia de la Química. Alianza, Madrid (1985), p. 47: “Los estudios de Boyle marcan el final de los términos “alquimia” y “alquimista”. Boyle suprimió la primera sílaba del término en su libro El químico escéptico, publicado en 1661. Desde entonces, la ciencia fue la química, y los que trabajaban en este campo eran los químicos”.

15 De la recopilación, traducción y anotaciones de Carlos Solís Santos en Boyle, Robert: Física, química y filosofía mecánica. Alianza, Madrid (1985), p. 148

16 Extraído de Battaner López, Eduardo: Planetas. Alianza, Madrid (1991), p. 167


12 de julio de 2014

Yupi y su mundo


Hoy no les voy a hablar de enseñanza. Quizá tampoco de educación. Solo pretendo mostrarles una convicción, que como tal, acaso sea un sueño. Puede ser. Pero aún no he despertado. Si quieren pasar, pasen, adelante. Mas –les advierto–, es posible que hable de amor, por las personas, por nuestro entorno social, físico... cósmico. E, incluso, amor por una de nuestras grandes creaciones: nuestro pensamiento y nuestra cultura. Nuestro patrimonio.


¿Alguien se ha preguntado alguna vez para qué sirve aprender? Conozco a muchas personas que sí se lo han preguntado. ¿Alguien se ha preguntado qué merece la pena aprender? Conozco a otro tanto número de personas que también se han preguntado esto. Pero intuyo que hay muchas personas que no se lo cuestionan; aprenden y punto. Por necesidad, por miedo, por placer o porque sí. Aprendemos. De múltiples formas (por ensayo-error, por imitación, por repetición...), unas veces conscientemente, otras sin darnos cuenta. ¿Qué es mejor, qué es peor? No hay respuestas claras: a veces nos va bien imitar unos pasos de baile para divertirnos, otras veces nos puede ir mejor practicar esos pasos ad nauseam para llegar a ser primera figura del Bolshoi, y a veces bailamos para evitar que cierren una planta metalúrgica en Sheffield.

Aprendemos desde que nacemos. Pero no empezamos a recapacitar sobre esto hasta que vamos cumpliendo años. En las reflexiones que vamos haciendo nos permitimos seleccionar aquello que preferimos aprender y cómo lo queremos aprender. Si nos lo permiten, pues no siempre es así, y siempre dentro de unas circunstancias personales. Por ejemplo: si nos muestran películas de princesas, es más probable que queramos evocar esos mundos de hadas y nos esforcemos por aprender todo acerca de ello; si no tenemos acceso a soporte escrito, difícilmente nos surgirá el deseo de aprender a leer; si nos dicen con cuatro años que tenemos que tejer alfombras, es muy probable que intentemos aprender a sobrevivir explotados, y poco más. Imaginen el ejemplo que quieran, pero aprender depende de los estímulos disponibles.

Nótese que hay estímulos que pueden ser fruto de nuestros propios pensamientos. Si hemos sido capaces de reflexionar, el fruto de esa reflexión, por simple que sea, también será un estímulo sobre el que podremos aprender. Volviendo sobre los ejemplos anteriores: si al cabo de los años no hemos encontrado al príncipe azul, podremos aprender que la vida es maravillosa sin príncipes azules o, si no, que nuestra vida emocional es un desastre; si a pesar de no haber visto un soporte escrito en la primera infancia, nos preguntamos cómo el hombre blanco saca un cacharro del bolsillo, lo golpea y lo acaricia con el dedo, puede que algún día manejemos también un smartphone para leer y escribir mensajes, o grandes textos; si hemos sobrevivido tejiendo alfombras desde los cuatro años, llegará un momento en que elijamos explotar a otros o bien levantarnos contra los explotadores.

Pues bien, aunque aprendemos por nuestra cuenta (“Nadie puede aprender por mí, como nadie puede alimentarse por mí”, trivial), dependemos de nuestro entorno social, cultural... Quienes tenemos la suerte de habernos desarrollado en un entorno mejor, lo hemos tenido más fácil para haber vivido mejor. Pero quien no ha tenido esa suerte, lo ha tenido crudo y es muy probable que siga teniéndolo muy crudo. Esta evidencia se da de bruces una y otra vez con la Declaración Universal de Derechos Humanos (como tantas y tantas miserias humanas). El comienzo de su artículo 26 es crucial: “Toda persona tiene derecho a la educación”. Con la laxa exposición que he hecho sobre el aprendizaje y esta simple frase debería bastar para comprender el porqué de la educación formal (su obligatoriedad, su organización sistemática, la garantía de unos contenidos de aprendizaje mínimos...): la educación formal contribuye a garantizar el acceso a la cultura de cualquier persona, especialmente de los más desfavorecidos.

Sin embargo, la mayoría de ustedes habrán caído en la cuenta de que el aprendizaje se produce a lo largo de toda la vida. Donde es posible, acudiremos de nuevo a la educación formal, pero si no, quizá podamos acudir a la educación no formal y a la informal. Detrás de las cuales, como en la educación formal o reglada, hay personas preocupadas y ocupadas en que disfrutemos mejor de este mundo. Gris para la mayoría, pero al que aún confiamos mejorar algunos porque es el único que habitamos, aunque jamás llegue a ser uno de los mundos de Yupi.

Vaya por los educadores y los divulgadores el homenaje de este humilde post, con este regalo de la UNESCO.

Portada de El Correo de la UNESCO por su trigésimo aniversario

NOTAS:

- Tomado del propio texto: 
“68 páginas [formato .pdf] de historietas ilustradas en las que se relatan las aventuras y viajes de un muchacho, un muchacho cualquiera, como hay tantos, que recorre el mundo para conocer directamente las múltiples actividades de la UNESCO”.
“Las historietas ilustradas que forman este número han sido concebidas y realizadas en su totalidad por un biólogo francés de 28 años, Jean-Marie Clément, investigador en materia de genética molecular. Le ha ayudado en esta tarea su mujer, Safoura Asfia, especialista en genética y miembro de la Delegación Permanente de Irán en la UNESCO”.

- Verán que muchas cosas han cambiado desde 1976 (el avance espectacular en genética molecular o el régimen de Irán), pero la situación de millones de personas sigue siendo desesperante. Eso no ha cambiado y debemos seguir haciendo por que empiecen a disfrutar una vida digna, al menos digna.