31 de diciembre de 2015

El valor de nada


Calendario hinduista
Son los números ese gran invento del hombre que sirvió para contar y para comparar cantidades, entre otras cosas. Sin embargo, como tantos objetos abstractos, la dificultad de su representación ha ido mostrándonos diferentes sistemas a lo largo de la Historia. Hoy en día utilizamos un sistema de representación numérica posicional, que en base diez sabemos aplicarlo desde que acudimos a la escuela.

Vamos contando y acumulando unidades hasta tener diez, y nos apuntamos esa primera decena. Seguimos contando y acumulando unidades, hasta la siguiente decena... Con diez decenas, ya tenemos la primera centena, etcétera. Es un sistema de representación práctico porque nos recalca el orden en que vamos contando y acumulando unidades. Y, así, no es lo mismo 1234 que 4321, por ejemplo. 



Pero no vengo a hablaros de contar objetos, sino de contar giros. Más concretamente, vueltas al Sol, que es la forma en que contamos los años, ¿verdad? Para ello he de empezar admitiendo que a los niños no siempre les dejamos experimentar y hacerse preguntas. O, al menos, a veces nos adelantamos en nuestras respuestas. El caso es que, tras observar que “el Sol se mueve” entre el día y la noche, le decimos al niño que es la Tierra la que gira sobre sí misma (rotación). Vamos más allá y realizamos un viaje por el Espacio a bordo de una nave para ver cómo, además, la Tierra gira en torno al Sol (traslación)... Y el peque se lo cree (sí, se lo cree). Solemos utilizar modelos de psicomotricidad para que “el niño lo acepte con mejor comprensión” –ojo con este comentario–: el niño da vueltas sobre sí mismo mirando una ventana por donde entra la luz solar y le ayuda a intuir la rotación constatando que la luz está fija; el niño da vueltas alrededor de una pelota amarilla en el centro del salón, y a cada vuelta completa le decimos que ha completado un año de traslación.

Pero, ¿y mientras?

Es la pregunta que se hace tu hijo cuando han pasado unos meses de su cumpleaños: “Papá, ¿ya tengo cuatro años y pico?” (que se suele responder con este chascarrillo: “No, no tienes pico, tienes boca”). Y claro, entonces el niño hace una ilación de las suyas: “¿Entonces Manuel por qué tiene cero años?”. En realidad su primo tiene cuatro meses; es decir, un tercio de año, que no es cero, y tratas de explicárselo con un “reloj del año”, tal que así:


Recordemos que el niño empezaba a retener la secuencia “uno, dos, tres” a partir del equivalente al “preparados, listos, ya”, justo antes de empezar a saltar, a correr... Que, posteriormente, fue aplicando para nombrar pequeñas cantidades de objetos, al contarlas primero, y, con suerte, compararlas después. Pero la palabra “cero” no le era familiar, sino, más bien: “ninguno” o “nada”. Artificialmente va incorporando la expresión “cero cosas”, que suele chocarle, puesto que ya tiene interiorizado que el plural es para colecciones de cardinal mayor que uno y le hemos recalcado que cero es “menos” que uno.

Pues bien: “Mira, un año es una vuelta al Sol. Tu primo Manuel aún no ha terminado de dar la vuelta al Sol, y por eso aún no tiene un año”. Nuestro hijo nos contempla sin creernos y añade: “Manuel ya ha nacido, así que no tiene cero años”. Y tú, desesperándote por no explicarle los quebrados a sus cuatro años (y pico), echas mano del reloj del año y le señalas los meses (sin olvidar que tu hijo hace un verdadero acto de fe creyéndose la milonga de la traslación de la Tierra en torno al Sol).

Esto es tan verídico como el proceloso camino que hemos seguido desde los antiguos egipcios para medir el año. Ya hace más de cuatro mil años que lo dividían en 365 días y en doce meses de treinta días; les sobraban cinco días, que no correspondían a ningún mes (obsérvese que 360 días corresponden con los 360º de una circunferencia). Los romanos comenzaron empleando un calendario de diez meses (hasta diciembre), que, por caprichos de César, pasó a ser de once (añadiendo julio) y, por los de su sobrino Augusto (ya emperador, y para no ser menos), pasó a ser de doce meses (añadido agosto). En realidad, Augusto llevó a cabo esa modificación también para introducir una corrección: los años bisiestos cada cuatro años. Modificación insuficiente hasta que en 1582 el Papa Gregorio XIII acometió la reforma definitiva para corregir un desfase de diez días desde el año 325 (Concilio de Nicea). Desde entonces adoptamos en casi todo el mundo el calendario gregoriano, que mantiene los bisiestos salvo en los años múltiplos de cien que no sean múltiplos de cuatrocientos (Ej: 1900 no es múltiplo de 400, y no fue bisiesto; 2000 sí es múltiplo de 400, sí fue bisiesto). Y todo ello debido a que el año trópico dura algo más de 365 días (aproximadamente 5 horas y 49 minutos más).

Debido a estos cambios, nos dejamos algunos asuntos por el camino. Por ejemplo: Teresa de Jesús murió el 4 de octubre de 1582 y fue enterrada al día siguiente, el 15 de octubre de 1582; o, Cervantes murió el 23 de abril de 1616, pero Shakespeare murió diez días después, el 3 de mayo, ya que Inglaterra no adoptó el calendario gregoriano hasta 1752.

Sin embargo, hay una cuestión que no hemos sido capaces de resolver con calendario civil alguno: y es que en el calendario gregoriano no hay año cero. Y tampoco hay siglo cero. Así que, a pesar de la denominación histórica a. C. y d. C., resulta que Cristo nació en el año 1, del siglo I, y no en el año cero. Hay muchas pegas para cambiar esta convención, y es posible que no se cambie. En cualquier caso, ahora ya comprenderéis mejor a vuestros sobrinos ante su dificultad para incluir el cero en su colección de números. ¿Diríais que el cero es un número natural? Algunos matemáticos no lo tienen tan claro.

Y no lo habéis preguntado, pero por qué dividir el año en meses y no en semanas. Fijaos en que 365 no es múltiplo de siete (días), pero 364 sí. ¿Recordáis que a los antiguos egipcios les “sobraban” cinco días en su año de 365? Pues podríamos tener años de 364 días con dos días de Nochevieja. ¡Feliz Año Nuevo a todos!









13 de diciembre de 2015

CALAGUAJI


La Historia comienza con los primeros testimonios escritos. Lo que les pasó a los humanos antes de la escritura se le llama Prehistoria. A la mayoría de los alumnos que comienzan el último curso de Educación Infantil les resulta familiar la escritura, pero será muy extraño encontrar algún "testimonio escrito" más allá de palabras sueltas. Por eso, en octubre es interesante enmarcar las actividades en un fondo prehistórico, donde los personajes son los hombres primitivos, con algunas de sus costumbres, situaciones y objetos cotidianos.
 

Así, acercando la Historia a los alumnos de cinco años (más como literatura que como verdadera disciplina), vamos a proponernos:

  • Suscitar el interés por nuestros ancestros: el hombre primitivo
  • Fomentar el interés por la lectura y la escritura, y valorar su importancia como medio de transmisión de ideas
  • Asociar el progreso humano con el desarrollo y el aprendizaje personal
  • Iniciar la asociación de sonidos de palabras a palabras escritas
  • Fomentar la creatividad lingüística

Con ello el alumno desarrollará las siguientes destrezas:

  • Asociar sonido-grafía de sílabas
  • Afianzar las nociones previas sobre el uso del texto escrito: lectura de palabras por silabeo
  • Construir palabras uniendo sílabas: oral y mediante la lectura de la palabra escrita

Para lo cual presentaremos los siguientes contenidos:

  • Evocación de situaciones de comunicación en el hombre primitivo
  • Invención de palabras
  • Visualización de texto escrito de las palabras expresadas oralmente
  • Asociación de palabras escritas (mayúsculas) con sus sonidos

Y les propondremos la realización de los siguientes tipos de actividades:

  • Dramatización de situaciones: caza, recolección de frutos, fabricación de herramientas, elaboración de prendas
  • Invención de palabras (significantes) y su expresión oral en dinámica de lluvia de ideas
  • Invención de significados para cada significante: elaboración de tarjetas de palabras
  • Juego de asociación y memoria (PDI)
  • Visualización de palabras escritas: lectura (PDI)
  • Visualización de significados de palabras (dibujos) (PDI)
  • Búsqueda de las palabras inventadas en la Red (PDI)
  • Invitación para la creación de un diccionario de palabras inventadas (por familiares)

ACTIVIDADES

1er día. Los alumnos (en pequeños grupos) escenifican en el aula 4 situaciones propias de la Prehistoria, que ya se vieron en clase (Serie "Érase una vez el hombre"): caza, recolección de frutos, fabricación de herramientas, elaboración de prendas.

2º día. Los alumnos inventan palabras oralmente como si fueran hombres primitivos y el profesor las va transcribiendo en la pizarra (en mayúsculas). Sobre la base trabajada en el curso anterior, el docente anima a los alumnos para que le ayuden a componer la escritura de cada palabra. Asimismo, pregunta qué les sugiere y los alumnos proponen diversos significados libremente (aunque no tengan que ver con la Prehistoria, puesto que "ya estamos aprendiendo a leer y a escribir, no como el hombre prehistórico").

3er día. Cada alumno se lleva a casa una tarjeta con una de las palabras inventadas transcritas en mayúsculas. Con su familia hará un dibujo con el que exprese el significado que le sugiere esa palabra.


4º díaPuesta en común de los dibujos y significados de cada una de las palabras inventadas.

5º día. Juego de memoria: El profesor reparte una tarjeta a cada alumno y este lee la palabra y explica su significado mostrando el dibujo que hay en la tarjeta tras la palabra escrita. Uno por uno van colocando las tarjetas boca abajo (grafías hacia arriba) en la alfombra. El profesor va nombrando cada palabra y va pidiendo a cada alumno que la encuentre (Se puede pedir ayuda a los compañeros). Se repite el juego.

6º día. Subidas las palabras y las imágenes de sus dibujos al blog, se juega en clase en la pizarra digital, de dos formas:
- Cada alumno elige un dibujo y nombra la palabra correspondiente. Trata de escribirla (Se puede pedir ayuda a los compañeros).
- Cada alumno elige una palabra escrita y trata de explicar qué es y de dibujarla.

7º día. Se comparten los contenidos creados (palabras inventadas con sus significados) a todas las familias. Asimismo, se anima a la participación de las familias en la elaboración de "Nuestro diccionario de palabras inventadas". Que se irá construyendo a lo largo de todo el curso añadiendo palabra + dibujo + breve definición.

A continuación tenéis las tarjetas que se crearon:

PALABRA
DIBUJO

ACUBÁCER



AIGAR



ARRISPI



CALAGUAJI



CARACÚ



ELONCE



FONTO



GUINSON



JUTI



LELE



NISUNTU



NOAMI



NOVIQUI



PIROXIO



QUIYÚ



RARRI



SELVI



SORONA



TARACÁN



TILVI



YORAIMO



ZUSEU




Evaluación:

De los alumnos:
  • Se ha interesado por las costumbres y características del hombre primitivo
  • Muestra interés por la lectura y la escritura, y valora su importancia como medio de transmisión de ideas sencillas: palabras escritas, rótulos.
  • Valora el nivel de progreso realizado por los seres humanos desde sus orígenes en la Prehistoria
  • Inicia la asociación de sonidos de palabras a palabras escritas:
    • Lee las palabras creadas
    • Escribe las palabras creadas
  • Crea palabras (significante) y le añade un significado

Del proyecto:

  • Los alumnos muestran interés por la Prehistoria
  • Los alumnos muestran interés por la escritura
  • Participan todos los alumnos
  • Los objetivos propuestos son adecuados al nivel de los alumnos y se integran en el resto de la programación del aula y ciclo.
  • Las actividades resultan asequibles y presentan los contenidos de manera acertada.
  • Los materiales son suficientes y la temporalización está coordinada con otras actividades dentro del aula.





Para saber más:







10 de noviembre de 2015

Animando a aprender

Alberto cursa cuarto curso de Primaria. Hay tardes en que apenas dedica tiempo a otra cosa que estar sentado frente a los deberes: merienda, deberes, cena... y alguna vez, todavía, deberes. A juicio de sus padres, no son demasiados, pero le cuesta mucho ponerse a ellos. Aunque esto solo es ocasional, cada vez lo lleva peor. Es raro que saque algún tema de clase, cuando, en realidad, hasta principios del curso pasado solía llegar a casa con alguna novedad: "ya sé la tabla del siete", "la luz es lo más rápido", "el Duero pasa cerca del pueblo del abuelo", ...

De Mechanics Magazine (Londres,1824)

5 de octubre de 2015

Tenemos hijos, tenemos que hacer números... Qué triste

No acabo de entender por qué, según mi percepción, hay una opinión mayoritaria a favor de la creación de instituciones donde asistan los niños con el principal fin de completar la jornada familiar. La mentalidad que percibo, que no soy capaz de atrapar, se caracteriza por una serie de rasgos (quizá me refiera a una supuesta clase media).







23 de septiembre de 2015

Pontificar no es de sabios


Si nadie posee la verdad absoluta, parece irrelevante abominar de cualquier idea, por disparatada que sea. Pero existen límites. Uno de ellos es la vida de una persona (o colectivo de personas): no es lícito exponer su vida a las diarreas mentales de un gurú antivacunas, por ejemplo. Y otro límite es la salud (tómese definición OMS): tampoco es lícito someter a una sociedad privándola del acceso al conocimiento y vendiéndole monsergas (sean políticas, comerciales o religiosas). El problema es que el conocimiento no llega a todas partes ni llega por igual.




15 de septiembre de 2015

Escepticismo en el aula

Me ha costado mucho tomar la decisión, pero, finalmente, y gracias a las sabias advertencias (más que consejos) de buenos amigos, podéis empezar a llamarme como el artista antes conocido como Prince... a llamar este blog como el antiguamente conocido como Misterio, educación y ciencia. Bien, el título de esta entrada introduce el nuevo nombre del blog: Escepticismo en el aula.



9 de septiembre de 2015

Evaluando, que es gerundio

Quizá tras Bakunin se haya desvirtuado el mito de la anarquía, pero todavía es posible encontrar a quienes confunden libertad con autarquía y creen que la independencia y la autonomía de cada individuo es posible fuera de un grupo social. O puede que seamos nosotros quienes nos equivocamos al asumir que somos seres sociales. Quizá, pero no conocemos a nadie totalmente autosuficiente. Quizá esta creencia fuera una de las razones que nos invitó a dedicarnos a la educación, algo a lo que –creemos- nos dedicamos todos.




2 de agosto de 2015

Carbonilla

No eres consciente de que serás pasto de las llamas hasta que prende la primera chispa al yerbajo de al lado. Ese olor a chamusquina que no es sospecha, sino certeza. Nada crepita como la hierba seca en julio. El estruendo de la pradera se ha cernido sobre toda la mata; ceniza a la ceniza y polvo al polvo. Elevemos una oración de dióxido de carbono y vapor de agua.




29 de julio de 2015

Círculo de cuatro patas

Era un círculo de cuatro patas redundante como él solo y cubierto por un hule con el mapa de España, Castilla La Vieja en verde descolorido. Solía ser epicentro de charlas más que de terremotos, de brisca más que de mus, y de gachas algunas tardes los noviembres. Era un disco duro de conversaciones que impregnaron también las paredes de temple, sin orden y sin templarios. Azarosas palabras que desvencijadas fueron olvidándose como la vieja mesa camilla en la que soñé este cuento. Es lo único que he salvado del muladar donde yacen sus huesos veinte años después.
Era un círculo con cuatro patas.




10 de julio de 2015

Los columpios infantiles no se acoplan (o no se nota)

Huygens (s.XVII) descubrió que un sistema oscilatorio transmite su energía a otro sistema en reposo a través de un medio material, de manera que el segundo sistema pasa a oscilar con la misma frecuencia. Se dice que ambos sistemas están en resonancia. Los columpios infantiles no muestran este fenómeno porque se minimiza casi hasta anularse la transmisión de su energía “oscilatoria” en su conexión con mínimo rozamiento a la barra que los sujeta. Pero dejadme que os describa un vistoso experimento basado en el columpio cambiando algunas cosas.

Montamos un dispositivo con cuatro péndulos, que a priori consideramos sistemas independientes, como muestra la siguiente ilustración:


Fig. 1
  • A dos soportes rígidos se les ata un hilo textil tenso.
  • Se construyen cuatro péndulos, de igual longitud dos a dos: se utiliza el mismo hilo textil en cuyos extremos se atan dos o tres tuercas de acero.
  • Se atan los péndulos al hilo entre los soportes (que hemos denominado “hilo transmisor”) como muestra la figura (insisto,intentando que la longitud, Limpar, de los péndulos 1 y 3 sea la misma, y que la longitud, Lpar, de los péndulos 2 y 4 también sea otra igual).

¿QUÉ OBSERVAMOS?
  • Cuando alejamos levemente el péndulo 1 de su vertical y lo soltamos, este empieza a oscilar (en el plano xy), y, en un ratito, comienza a oscilar el péndulo 3, sin haber actuado directamente sobre él (sin tocarlo). La amplitud de la oscilación del péndulo 1 se va atenuando según se amplía la oscilación del 3, y luego se para el péndulo 3 y vuelve a oscilar el péndulo 1. Hasta que, por disipación, ambos se paran. Mientras, apenas se nota leve vibración en los péndulos 2 y 4.
  • Paramos el movimiento y repetimos la prueba con el péndulo 2. En esta ocasión pasa a oscilar claramente el péndulo 4; apenas vibran el 1 y el 3.
  • Hemos observado lo que esperábamos: en un caso y en otro hay un sistema oscilador (péndulos 1 y 2 respectivamente) que cede energía a otro sistema que pasa a oscilar con la misma frecuencia. Decimos que los péndulos 1 y 3 (y los péndulos 2 y 4) están en resonancia, son péndulos acoplados.

¿POR QUÉ OCURRE ESTO?

1. La oscilación del péndulo 1

El péndulo 1 (análogo con el péndulo 2) tiene energía en su oscilación:


Fig. 2
Al desplazarlo de su posición de equilibrio, le hemos aportado energía potencial, Ep. Al soltarlo, la energía potencial va transformándose en energía cinética, Ec. Despreciando el rozamiento con el aire, esta energía se conservaría en el sistema del péndulo:


Ec + Ep = E

De tal manera que se produciría una “oscilación” entre la energía cinética y la energía potencial: cuando el péndulo está más lejano de su posición de equilibrio (cuando ha descrito su amplitud), la fuerza restauradora, F, (vector) resultante del peso, P, sobre la masa del péndulo y la tensión del hilo, T, es máxima, al igual que su energía potencial, pero su velocidad es nula; pero cuando la masa pasa por la posición de equilibrio, perpendicular al suelo, la fuerza restauradora F es nula, también su energía potencial, pero su velocidad y, por tanto, su energía cinética es máxima.


Fig. 3
2. La oscilación del péndulo 3

Ahora bien, ¿por qué el péndulo 3 empieza a oscilar? En principio, simplemente, porque hay contacto material entre el péndulo 1 y el péndulo 3. Pero pensemos en lo siguiente:

En realidad, el péndulo está unido al “hilo transmisor”. De manera que parte de la energía E es transferida a este. La fuerza restauradora se transmite como un par de fuerzas que provocan la torsión del hilo (en rosa):


Fig. 4
La estructura longitudinal del hilo favorece que el par de fuerzas actúe progresivamente a lo largo del hilo; de alguna forma el par se propaga en esa dirección (en los dos sentidos, de un extremo al otro del hilo transmisor). Como el hilo es elástico, cuando el péndulo ha cruzado la posición de equilibrio, cuando ha dado media oscilación, la fuerza restauradora vuelve a ser máxima pero en sentido contrario; cambia el sentido de torsión del hilo:

Fig. 5
Por todo ello, la oscilación del péndulo produce una alternancia en el sentido de torsión del hilo. Esta alternancia se puede interpretar como una oscilación de las partículas en la superficie del hilo que describen un arco con un ángulo α. El período de esta oscilación es el mismo que el del péndulo. Y, por tanto, el hilo es portador de parte de la energía del péndulo. Esta energía recorre todo el hilo, y solo se transmite a otro sistema que pueda oscilar con el mismo período (principio de resonancia). Esto solo lo puede hacer el péndulo 3, por tener la misma longitud que el péndulo 1, ya que el período de oscilación de un péndulo solo depende de su longitud (para oscilaciones con amplitudes pequeñas). De acuerdo con la siguiente ecuación:

Siendo T el período de oscilación, g, la aceleración de la gravedad terrestre (constante), la única variable es la longitud del péndulo, L.

Por eso solo se intercambia la energía de la oscilación entre ellos; el péndulo 3 realiza oscilaciones forzadas, porque su energía proviene de un sistema exterior (así lo consideramos), del péndulo 1. (De manera análoga para los péndulos 2 y 4). No tocamos el péndulo 3; el péndulo 1 se encarga de aportarle energía.


Sin embargo, esto fue una leve experiencia, sobre la que cabe alguna observación. Revisando el modelo de torsión del hilo transmisor, imaginad que este fuera un sólido rígido, un cilindro que no estuviera anclado, sino que pudiera girar:


Fig. 6
El ángulo α de la amplitud de la oscilación del péndulo (respecto al centro de giro del supuesto cilindro rígido) sería igual al del arco de giro, del cilindro en cualquier punto de su superficie. De manera que el tiempo que emplea el péndulo para ir de C a D sería el mismo que el tiempo que emplearía un punto desde la posición B para llegar a la posición A en la superficie del cilindro.
Así pues, como este ángulo también sería el mismo para otro péndulo más largo, el tiempo empleado en recorrer la trayectoria C’D’ sería igual. Puesto que la velocidad angular sería la misma. Por tanto, los períodos serían idénticos.
Pero esto no sucede así, ya que ni la cuerda del péndulo ni el hilo son rígidos.
Al ser ambos elásticos, se crean fuerzas restauradoras que les llevan a recuperar su posición inicial de equilibrio o reposo:

Fig. 8
Fig. 7
La figura 7 representa una posición del péndulo respecto al hilo fuera de su posición de equilibrio: su ángulo es distinto de α, el par efectivo en la torsión del hilo es diferente al ejercido por la fuerza restauradora F que comentamos para el péndulo. La figura 8 representa la torsión del hilo en un instante: el giro se propaga en forma de onda “cuasi” longitudinal por todo el hilo, con una longitud de onda λ. En suma, la onda longitudinal que recorre el hilo lleva parte de la energía del péndulo propagador hasta otro sistema unido al hilo que pueda recoger dicha energía en el instante justo, es decir, que recoja el impulso mecánico de la torsión del hilo en el instante adecuado, o, lo que es lo mismo, con el mismo período de oscilación, que sólo depende de su longitud.


En conclusión, ese instante "adecuado" es el instante en que se da el fenómeno de la resonancia, como cuando, jugando con el columpio, le das impulso a tu hijo en el instante adecuado. Recordando siempre medir tu impulso, puedes hacerlo sin miedo, que el columpio de al lado no interfiere (o no se nota).


NOTA: Idealmente, cuando se hubiera parado el péndulo "propagador" (el 1), al haber cedido toda su energía, el péndulo receptor (el 3) tendría su mayor amplitud, al haber recibido la mayor cantidad de energía. Además, una vez se hubiera detenido este segundo péndulo, de nuevo el primer péndulo se habría encontrado en su mayor amplitud. Pero esto no llega a observarse bien. Se observa, sin embargo, que el péndulo propagador se mantiene oscilando mientras el receptor arranca y para varias veces. Un factor explicativo de esto puede residir en que las longitudes de los péndulos acoplados no son exactamente iguales, lo que también explicaría por qué cuando oscilan simultáneamente no lo hacen en la misma fase. Por otro lado, parte de la energía se disipa en el hilo, en el aire y en los otros péndulos. Y, por supuesto, la ecuación del período del péndulo es válida para pequeñas amplitudes, pero hay que realizar una amplitud inicial que se sale de ese umbral, con tal de apreciar el fenómeno.



8 de julio de 2015

Molongo, lo más


Como cualquier hijo de vecino, miramos por la economía, al menos la propia. Si no lo hiciéramos, aún estaríamos en el Paleolítico. Confieso que cada día me pregunto qué voy a hacer de comida, pero saben a qué me refiero; no es eso. Como iba empezando, valoramos con qué contamos, con qué podemos contar y, en función de eso, actuamos. Por tanto, no es un salto al vacío el que damos cada día, sino un equilibrio sobre la cuerda, pero con una red que creemos resistente bajo nuestros pies.

Burj Al Arab, Dubai

Sin embargo, es todo estimativo, pues, como dice el refranero de tautologías, “nada hay seguro salvo la muerte”. Ya digo que es una red que creemos resistente. Ya sea porque lo hemos consultado, porque lo hemos verificado a ojo de buen cubero o porque lo hemos comprobado con un elastómetro (si es que ese cacharro existe). Día sí y día no sale a la palestra de algún medio la noticia de alguna célebre personalidad fallecida en extrañas circunstancias, de miles de desarrapados que han muerto como era previsible o de un inesperado accidente que se ha llevado la vida de varias personas en la flor de su existencia.

A pesar de ello, parece haber herramientas del conocimiento que, basándose en ciclos o episodios anteriores, pueden contribuir a prever algunas consecuencias. Nótese que una consecuencia puede ser conocida sin conocer la causa o, en muchos casos, las causas. A veces esas herramientas suelen basarse en elementales operaciones aritméticas aplicadas en múltiples problemas clásicos de los cuadernillos escolares que muchos conocemos, del tipo: “Si gano 500 € al mes y gasto 200 € en comida y 350 € en alquilar una habitación al mes, ¿cuánto necesito pedir a familiares y amigos para pagar también 100 € al mes de transporte?”. La cosa se puede complicar aritméticamente (y no solo aritméticamente –obviamente, no me refiero a una progresión aritmética de complicaciones, que sería geométrica en todo caso–, pero, de momento, centrémonos en la parte epistemológica, por llamarlo así). Especialmente cuando un tercero nos seduce con un préstamo a un cómodo interés. Que, por cierto, suele ser compuesto. Compuesto de cláusulas, letras pequeñas y demás zarandajas.

Pues bien, ese término que hasta ahora no había nombrado, economía, pinta poco en estos casos. Primero, porque no es una ciencia exacta, a pesar de que son varios los matemáticos que han recibido el Nobel en esta categoría (por ejemplo, ustedes habrán oído hablar de John Nash, el de “Una mente maravillosa”). Y, segundo, porque existe una disciplina que se ocupa de crear las necesidades por las que ustedes (y yo) cuentan (contamos) con más papeletas para caer en la tentación de pedir prestado a cascoporro (no es el nombre de un banquero). Para ser benévolo con el servicio que esa amplia disciplina presta en otros ámbitos, no voy a escribirla.

Realmente, me resulta complejo escribir sobre el sentido común, pues uno está expuesto a modas y modismos desde diversos ámbitos. A ver si me puedo explicar con un ejemplo tonto: me gusta escuchar y aprender de casi todo, y, por ejemplo, me gusta pasar inadvertido entre los amigos si no es para divertirme en plan loco, y en general, suelo vestir a la moda de toda la vida; es decir, como hace veinte años. ¿Clásico? ¿Común? Pues no lo sé. Así que me van a perdonar si lo que yo entiendo por sentido común es de ahora, de hace cincuenta años o de hace dos milenios (aunque, como comprenderán, no calzo caligae, salvo algo parecido y solo en verano). En fin, a ver si les parece de sentido común: el truco está en decir no cuando uno quiere decir no, por más que el estímulo persista (como ese humito con forma de mano de los dibujos animados que nos llama contoneando el dedo índice). Vamos a ver otro ejemplo: coche nuevo, ciento cuarenta caballos, tu cuñado habla maravillas de él, gasta poco... Ya. Pero por poco que gaste, ya te estás gastando (si lo tienes) una pasta por un coche que te va a solucionar lo mismo que el triste utilitario que tienes desde hace doce años y al que apenas dedicas la décima parte de tu sueldo anual (combustible aparte). Enseguida te llegarán cantos de sirena del tipo: valor añadido (¡qué narices es eso!), extras, comodidad, estatus, imagen, campañas institucionalizadas (“salva a tu país comprando coches”)... Y ahí es donde entras tú, tu conciencia, tu juicio o lo que sea, pero tú: ¿necesitas valor añadido, extras, comodidad, etcétera?, ¿necesitas cambiar de coche? o ¿necesitas darte un capricho? Si tenías claro el no, ya está. Pero, ¡amigo!, somos volubles (y contradictorios, y maleables, y empáticos, y sugestionables...). Y, lo que es peor, uno no tiene preparado un no para todo; así que, ahí estás, expuesto a un montón de opciones que otros han ideado por ti a partir de estudios de mercado y desde unas cuantas lluvias de ideas. Opciones, obviamente, que no solo son para ti, sino para aliados involuntarios, como tu cuñado, ese sueño que albergas desde niño de emular a Alain Prost o los ojos brillantes de la secretaria del jefe cuando le cuentas tus vacaciones en Benidorm.

No obstante, no debo pasar por alto las necesidades perentorias: amistad, educación, nutrición, vivienda y, como no, salud (lo que casi todo el mundo entiende –ausencia de enfermedad–, pero que la OMS define en condiciones y que muchos gobiernos parecen olvidar y, que, por cierto, englobaría todo lo anterior). Si quieren, cambien amor por amistad para incluir lo que estimen (familia, convivencia...), y añadan lo que quieran. Pero eso sí, lo que añadan habría de ser algo básico, que, si bien puede conllevar un gasto (todo cuesta algo, salvo quizá el amor), no debería ser objeto de especulación financiera y, por tanto, no habría de llevarnos a hipotecar nuestras vidas. Especulación que en medio Occidente se ha llevado a cabo en los últimos años con la vivienda y que en más de medio Mundo se lleva a cabo además con la alimentación y con la salud. Supongo que este es el aspecto del Neolítico que nos queda por pulir: ese miedo al futuro que nos empuja a acumular más bienes que conocimiento y que incluso nos está llevando a tratar las necesidades perentorias como mercancías. Bueno, que me pongo ñoño. Vamos, que mi sentido común no disparaba contra estas necesidades, sino contra lo molongo.

Viñeta del genial Andrés Rábago, El Roto.
Todos (en realidad no conozco a todos, pero hablo de todos a quienes conozco) queremos la mejor casa, las mejores viandas y la mejor clínica (¡a saber!), pero admitamos que esa libertad de elección (que, como ya esbocé, no lo es tal) potencia el encarecimiento. Simplemente, porque entre todos aumentamos la demanda. Pero, claro, “¡cómo voy a quedar por detrás de mi cuñado!”.

Espero que no se hayan tomado este post como un consejo, pues servidor es tan pecador como ustedes. De todas formas, si les apetece, pueden recordar esta simpleza mnemotécnica:

NECESIDAD – SÍ ⇒ NECEDAD

(Ojo, porque NECEDAD + SÍ no es necesariamente NECESIDAD)




* Nos hemos referido a asuntos materiales o con valor monetario, pero quizá puedan aplicarlo a otros asuntos donde también podemos toparnos con decisiones estúpidas (ambición, deseo, exhibición... tantas cosas con las que otros se preguntan: “¿Pero qué necesidad hay?”).

** Una cosa más: está claro que no voy a la moda, pues hasta el DRAE recoge "molón", pero no "molongo", que es lo que se llevaba en mi tierna infancia.



6 de julio de 2015

¿Cerrar los ojos a la realidad machista o transformarla?


Hay ocasiones en que es mejor cerrar los ojos. Cerrar los ojos ante la desmesura de la belleza es como abrirlos ante el absurdo de la estupidez, ambas infinitas por distintas razones. Sin embargo, soñar con la belleza suele ser normal cuando lo feo es una constante de la realidad, una constante real, constatada e incontestable. Vagando por los caminos que muestran la realidad, cruda o cocinada, a veces te puedes despertar de tu ignorancia. En esas ocasiones puedes haber encontrado una solución a una antigua duda o puedes haber hallado algo inesperado, por ejemplo. Pero, cuando caminas y solo te encuentras el suelo bajo el cielo, puede que aún no hayas ni empezado a andar. Como si lo feo fuera normal y la sorpresa escondiera sus garras detrás de un horizonte indefinidamente oscuro. Lo normal. Acaso lo natural, acaso lo habitual, acaso lo que todo el mundo espera.

Mujer en una fábrica de Texas, EE.UU., (1942).

Cerrar los ojos, sin embargo, es uno de los privilegios de quien puede abrirlos para mirar y ver. Ver para creer o ver para dudar, para parpadear. Ver cómo es vilipendiada una arquitecta en el bufete de sus socios. Ver cómo es despedida una mujer que comenta estar embarazada. Ver a la madre que trabaja fuera de casa y vuelve a trabajar dentro de casa. Quizá diferente a ver que cualquier mujer suficientemente hábil y constante puede realizar la carrera de Arquitectura, como cualquier hombre hábil y constante. Quizá diferente a ver el esfuerzo que conlleva ser madre y el beneficio que aporta a la sociedad traer una nueva persona al mundo. Quizá diferente a ver que algunos hombres empiezan a asumir sus responsabilidades familiares.

Ni perfección ni estupidez suma. Así es nuestra realidad generalmente, entre destellos de una y otra, y entre infinitos matices de ambas. Es difícil medir el machismo, como difícil es contar las estrellas. Sin embargo, no hace falta saber de Astronomía para tener la certeza de que existen estrellas. Apreciamos sus cualidades, también sentimos la opresión del machismo... En muchos ámbitos.

La cuestión está en si queremos que eso siga siendo así. La respuesta es obvia: ¿Acaso queremos que siga habiendo hambre? No, ni machismo.

Educar no es solo mostrar, no es solo enseñar. Educar también es ayudar a aprender, también es orientar, colaborar para un mundo mejor, preparar para ayudar. Y, en general, participar en la mejora de nuestra realidad. Para educar no basta con constatar. Para eso se supone que están los notarios (para dar fe, los sacerdotes).

Es un hecho el machismo, hagamos algo por desterrarlo. Para esto no hay que cerrar los ojos, ni los nuestros ni los de nadie.

Los lingüistas deben de conocer cuál es el origen del sexismo en nuestra lengua. Algo que no se da en el inglés, sin género... de dudas. Quizá a veces cometemos el error de valorar como masculino lo que realmente debió de ser neutro, sobre todo en los plurales: alumnos, humanos, individuos. O quizá solo hacemos extensiva la condición machista de nuestro lenguaje. Una consideración importante estaría en dilucidar si el género enriquece al lenguaje o si, por el contrario, lo convierte en una herramienta segregadora. Y, por tanto, si el lenguaje es manifestación del pensamiento, dilucidar si nuestra capacidad discernidora  avanza o no.

Si nos restringimos al pensamiento individual, es posible que el género coadyuve a nuestro gran talento clasificador: masculinos por acá, femeninos por acullá. Ya, pero puestos a dar clases de equivalencia, ¿por qué no recuperar un género más, el neutro?

Si nos extendemos a la contribución social de muchos pensamientos individuales, es posible que nos demos cuenta del error que supone clasificar por género: enfermeras, maestras, modistas, mecánicos, camioneros, médicos. Parece que el género es restrictivo.

Lamentablemente, el uso también está en la semántica y en la pragmática: “el coche de papá”, “me peina mamá”.

A simple vista puede parecer que el lenguaje va a remolque de las costumbres. Pero, una vez que nos hemos abstraído hasta el plano metalingüístico, ¿no sería interesante intentar controlar ese devenir en beneficio de las costumbres, de las actitudes, de las acciones? Si, además de mostrar un modelo no sexista, utilizamos un lenguaje no sexista, es probable que contribuyamos a una sociedad menos segregadora.